El precio de salir a comer ha subido mucho, pero vale la pena gastar un poco más para llevar a tus nietos a disfrutar de una buena comida y una buena conversación. Ir a un restaurante brinda la oportunidad de hablar, escuchar y, sobre todo, compartir tu fe con ellos. Si es posible, invita a cada nieto individualmente. Descubrirás que los niños pequeños o los adultos jóvenes se abren de maneras totalmente diferentes cuando están lejos de las distracciones habituales del hogar.
Así que inviten a los nietos a comer. Si necesitan una hamburguesa y un batido o un bistec con langosta para que la conversación fluya, la inversión bien vale la pena.
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